Pequeñas acciones…grandes cambios…

Dicen que la esperanza es una construcción voluntaria para empezar a cambiar el mundo. Y si bien muchos están en situación de “espera”, hay otros que han puesto manos a la obra. Han convertido la  “sana distancia” impuesta por la actual pandemia viral en acciones que giran alrededor de una comunicación y convivencia sanas.  

El reto es homologar la contingencia sanitaria con la crisis económica y la restauración ambiental en un contexto de cambio climático. Aquí la conversación resurge como herramienta crucial para incentivar el cambio.  Es lo que proponen los proyectos integrales como Cuenca Sana-Comunidad Sana recientemente implementado por Salvemos al Río Laja, A.C. en colaboración con el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza A.C. y el Forest Service Department of Agriculture. Con esto se pretende proteger y restaurar las funciones hidrológicas y ecológicas de la cuenca mediante la educación, el dialogo, nuevos acuerdos y la práctica en las zonas que más lo requieren.

En principio, una alimentación sana fortalece el sistema inmunológico. Asimismo, la salud del entorno —desde lo personal a lo familiar y colectivo— requiere de cambios  pequeños pero eficaces para activar a las familias en torno a proyectos de huertos familiares, huertos comunitarios, instalar y reproducir ecotecnias como sistemas de captación de agua de lluvia y otras tareas productivas.  El enfoque es la salud preventiva, la conservación y la restauración de suelos y sistemas hídricos. La finalidad es la adaptación al cambio climático y la mejora de la economía familiar.

Si a esto agregamos que el turismo convencional  en San Miguel de Allende ha sido la principal fuente de ingresos de muchas familias, hoy se encuentra reducido. ¿Por qué no aprovechar la coyuntura para crear nuevas fuentes de ingreso?  ¿Por qué no incentivar en las comunidades la fruticultura, el viverismo, crear senderos como observatorios de aves, producir huertos escolares y de traspatio y construir sistemas de captación de agua de lluvia? Todo esto requiere trabajo y de la acción colectiva. El proyecto Cuenca Sana-Comunidad Sana propone la transición de un turismo convencional  a un turismo de naturaleza como plataforma para la restauración integral de la vida rural.

“La belleza escénica que tenemos es muy poco conocida y necesitamos estudiarla y trabajarla”, dice Agustin Madrigal, director de Salvemos al Río Laja. “Habrá que consolidar grupos de trabajo con personas que han perdido su empleo por la pandemia. La gente de la ciudad va a apreciar de mejor manera estos sitios al mismo tiempo que la población de las comunidades va a descubrir el potencial de sus recursos. Este puede ser uno de los temas más relevantes en los próximos años. Hemos conversado con algunos sectores involucrados en el turismo y la apuesta va en ese sentido.”

Cuenca Sana-Comunidad Sana estará presente en las comunidades de Cabras, Agustín González, Panal de las Flores, Doña Juana, Sosnavar y Lomas Lindas con la posibilidad de replicarse en otras como La Cañada. “En Dr. Mora y San Luis de la Paz hemos donde trabajado en proyectos similares  porque creemos en el manejo integral de la cuenca. Más adelante las comunidades se pueden relacionar entre sí para el intercambio de experiencias. En nuestro trabajo tiene mucha relevancia la acción comunitaria para trabajos de conservación, regeneración y reforestación. Debemos revertir los procesos erosivos y de desertificación. Además, estamos abiertos a todo tipo de ideas que pueden surgir en el camino.”

Jalil Aragón, promotora socio-ambiental, también al frente del proyecto Cuenca Sana-Comunidad Sana, sostiene que “debemos empezar a promover procesos de comunicación social para inspirar, en vez de convencer concientizar. Ejercer el poder de la imaginación y de la investigación para crear alternativas sostenibles es nuestro objetivo.  Involucrar a estas comunidades en esta iniciativa requiere de un tipo de lenguaje diferente al de  juzgar, imponer y recomendar como estrategias de comunicación”. Porque no sólo se trata de ir a tocar puertas y ofrecer una serie de beneficios a las familias, sino de generar trabajo y nuevos hábitos de consumo en un contexto de cambio climático. “Podemos hacer alianzas con los que conocen bien sus oficios”. Los intercambios serán herramienta fundamental y contrasta con las actitudes paternalistas  de imponer, aconsejar y concientizar. “El cambio debe venir desde adentro, empezando por los facilitadores del proyecto.”

Finalmente, los niños son la voz inspiradora de la comunidad Creer en una educación transversal donde  los jóvenes inspiran a sus familias de los beneficios de germinar semillas, ver crecer la plantita para ponerla en el huerto de traspatio es una experiencia enriquecedora. Ellos serán los maestros del trabajo comunitario y en sus propias escuelas. “Los niños son capaces de mover a la familia para luego mover a la comunidad. Empezamos con acciones pequeñas para lograr grandes cambios,” comenta Jalil.

El motor de la transformación está en incentivar el pensamiento crítico en “nosotros mismos y en la comunidad”. Esto responsabiliza a las personas en la toma de decisiones. “Habilitar comités para trasladar a la comunidad la responsabilidad de la continuidad e inspirar… es para toda la vida.” (continuará)

 

 

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