Se puede ser productivos, pero regenerando suelos y acuífero al mismo tiempo.

Entrevista con el Ing. Gerardo Ruiz Smith, consultor y educador especalizado en el semi-desierto de Guanajuato. Gerardo trabaja en la planificación holística de ranchos y proyectos regenerativos de producción de alimentos, así como en investigación y propagación de árboles y otros cultivos perennes adaptados a climas áridos y semi-áridos en sistemas agroforestales y silvopastoriles. Ha participado en proyectos y facilitados cursos en Estados Unidos, México, Guatemala y Argentina.

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¿Podríamos vislumbrar un futuro cercano donde la agricultura se reconcilie con la restauración de suelos, la recarga del acuífero y la autosuficiencia alimentaria? Hoy son prácticas en conflicto y la consecuencia parece irreversible: un acuífero sobreexplotado y miles de hectáreas en proceso de desertificación.

Gerardo Ruíz:

Recalcando el impacto actual de la agricultura como de la ganadería en los suelos y en el acuífero, ¿cuáles son las soluciones que yo veo? Muy importante señalar que esa vorágine economicista del estado de Guanajuato tendría que empezar a transitar hacia modelos más ecológicos. Pero aunque las soluciones y las técnicas están ahí, la limitante más grande es mental y cultural. Podemos arreglar el problema del agua, de la agricultura y el agotamiento de los suelos, de la biodiversidad, del carbono y el cambio climático pero si quienes toman las decisiones no tienen la capacidad de cambiar, de nada sirven las soluciones al alcance de la mano a gran escala.

Desde mi perspectiva, es necesario crear modelos funcionales con una visión productiva. Es decir, ser productivos pero regenerando suelos y el acuífero, captando el carbono de la atmósfera, consumiendo menos energía e insumos externos, logrando más resiliencia al cambio climático, evitando sequías, inundaciones y desertificación. ¿Cuáles son esos sistemas, cultivos y plantas que tienen un potencial económico y a la vez pueden propiciar todos estos beneficios?

Mi crítica a mucho del movimiento mexicano de la permacultura y agroecología es que está peleado con el sistema financiero. Los negocios se olvidan por completo y se enfocan en la parte ecológica y social. Invertir dinero para hacer únicamente un buen proyecto ecológico, sin generar empleos, no es replicable por los empresarios. El gobierno tampoco se va a interesar en adoptarlo como un modelo.

Para mí ha sido un trabajo personal entender cómo funciona el valor agregado, encontrar mercados interesantes que nos permitan echar a andar este tipo de proyectos.

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El enfoque sería acercar dos polos aparentemente opuestos: la agricultura industrial que debe responder a las exigencias de la autosuficiencia alimentaria y la agricultura regenerativa. Me pregunto cómo va a haber autosuficiencia alimentaria si los suelos están agotados con un ritmo de desertificación alarmante. Esto ya no se puede ocultar y las exigencias al sector agrícola se vuelven insostenibles. ¿Cómo acercar estos dos polos?

Gerardo Ruíz:

Yo manejo el sistema agroforestal. Es la combinación de árboles y otros cultivos perennes —una planta que vive más de dos años desarrollando raíces más profundas, más biomasa, acercándose a la humedad profunda— que se adaptan a los extremos climáticos. El problema principal de la agricultura industrial es que está basada casi totalmente en plantas anuales. Son muy delicadas ante las plagas, las sequías. Requieren de mucho mantenimiento para que germinen bien. Son plantas anuales que vienen de otros climas mucho más húmedos. La mayoría de las hortalizas que sembramos en Guanajuato son de Europa y Asia. El brócoli es un ejemplo.

La planta perenne para este clima, como serían las fresas, evita estar volteando el suelo año con año oxidando toda la materia orgánica que se comporta como una esponja. Esta función absorbe la lluvia, liberándola hacia los estratos más profundos y así recargando el mando freático. Aquí la clave es balancear el ciclo hidrológico.

Si la agricultura industrial se concentrara más en plantas perennes, más resilientes, con raíces más profundas, sería interesante. Pero si deciden continuar con la hortaliza anual mi propuesta es integrar ese mismo sistema con el intercalado de líneas de árboles. Esos pueden ser de frutas, nueces, forraje animal y/o plantas productoras de mucha biomasa que ayudan a cubrir los suelos, además de ser fijadores de nitrógeno como muchos de los que vemos aquí de la familia de las leguminosas: frijol, soya y lenteja. En las milpas el frijol hace que el maíz y la calabaza absorban el nitrógeno. Lo mismo puedes hacer con árboles como el mezquite que es uno de nuestros potenciales salvadores de la región. El huizache, el palo verde, el palo dulce son leguminosas que se pueden integrar también. Este sistema se llama cultivo en callejones. Consiste en una línea de árboles, una franja, tan ancha como tú la quieras, de hortalizas o granos anuales o de pastizal, y luego otra línea de árboles intercalada. Este patrón crea un diseño en relación a la topografía para que el flujo del agua sea lo más suave posible y pueda infiltrarse.

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¿Ya tenemos ejemplos de esto en Guanajuato? 

Gerardo Ruíz:

Muy pocos. Hemos hecho en Vía Orgánica algunos experimentos. Es absurdo que no se aplique porque es algo muy sencillo.

Hay tantos miedos no fundamentados para aceptar este modelo. Algunos dicen que los árboles van a echar sus raíces hacia el cultivo y robar el agua y los nutrientes. Mi respuesta es: depende del tipo de árbol que siembres. Depende del sustrato del suelo, de la cantidad de materia orgánica y de su capacidad de absorción. Lo importante es lograr ese diseño hidrológico después de un estudio topográfico minucioso. Sólo así tenemos el patrón de siembra que permite que el agua se infiltre.

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¿Dónde veríamos un ejemplo de esto a gran escala?

En algunas partes de Estados Unidos, de España y Australia. Son plantaciones productivas comerciales. No hay ninguna incompatibilidad con el modelo industrial.

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Los agricultores industriales se apoyan en la demanda del mercado. Lo vemos sobre todo en la agricultura de exportación. ¿En qué países hay una demanda de mercado que exige un nuevo sistema de producción agrícola que regenere suelos y conserve el acuífero?

Gerardo Ruíz:

Creo que en México ya está sucediendo eso. No al nivel que nos gustaría pero está sucediendo. Australia, Europa y Estados Unidos tienen mucha más presión por parte del consumidor. El consumidor es lo que llamamos el “clima mental” o “clima humano”, más difícil de cambiar que el clima atmosférico. Es obvio que el consumidor tiene un rol importantísimo.

Vía Orgánica está patrocinada por la Asociación de Consumidores Orgánicos y apoyan este tipo de iniciativas con sus donaciones anuales. Ya abrieron una sucursal en la ciudad de México. Lo mismo he tratado de hacer yo, de manera más local, con el tema del mezquite. Tiene muchos usos y ha sido un alimento básico de la región durante miles de años. Estoy creando el Instituto del Mezquite con el apoyo de un investigador jubilado de la Universidad de Guanajuato, el doctor Juan Frías. Su doctorado se basó en un estudio del mezquite pero nunca logró que despegara su investigación.

Yo empecé a estudiar el tema por mi propia cuenta hasta que contacté al doctor Frías. El Instituto del Mezquite aún está en su etapa de planeación. Esta investigación se la he presentado en diciembre pasado al secretarío de Agricultura de Guanajuato, al subseretario del Medio Ambiente, al secretario de Salud y al director estatal de Conagua. El único que respondió entusiasmado fue el secretario de Salud porque reconoció todas las propiedades nutricionales. Uno de nuestros objetivos dentro del Instituto es desarrollar un programa para almuerzos escolares que contenga mezquite y a lo mejor amaranto y otros granos de la región muy nutritivos. El propósito es mejorar el desempeño escolar de los niños en las comunidades rurales.

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Y pasando a otro tema, ¿qué me puedes decir del impacto de la ganadería en el proceso de desertificación?

Gerardo Ruíz:

Existe el pastoreo holístico regenerativo. La ganadería planificada es algo que aquí no se da porque según los ganaderos no hay grandes extensiones de pastoreo como los de Chihuahua o Estados Unidos, con miles de hectáreas de pastoreo planificado. Los resultados son impresionantes en regeneración de suelo, infiltración de agua, captura de carbono, incremento de productividad y carga animal. Pueden alimentar hasta el doble o el triple de animales en un mismo rancho simplemente con mejorar el sistema. Económica y ecológicamente es indiscutible. Pero requiere de un cambio de 180 grados en la mentalidad del ganadero.

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El agricultor industrial piensa también masivamente. Le cuesta asimilar que haya autosuficiencia alimentaria a partir de pequeñas parcelas. Pero la mayoría de los agricultores caben en este rubro, al igual que los ganaderos de Guanajuato. ¿Cómo implantar un nuevo sistema en un territorio tan fragmentado?

Gerardo Ruíz:

Es en la pequeña parcela donde hay mayor potencial —al corto plazo— para una productividad regenerativa. También depende de la persona. El trabajo que hemos hecho con campesinos aquí es muy limitado porque hay mucho escepticismo. Sus terrenos se deterioran año con año y están bajo la gran presión económica de sacar el dinero para el día a día. Y cuando les propones sistemas de trabajo que pueden ser un poco riesgosas para su productividad básica fundamental, te encuentras con una barrera muy fuerte. Aunque vean el potencial a mediano plazo, no se quieren arriesgar.

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¿Qué tanto un rancho como el de Vía Orgánica, donde se aplican todos estos sistemas alternativos, puede ir contagiando a los demás por convencimiento? 

Gerardo Ruíz:

Tiene un potencial muy grande pero tendría que hacerse de tal manera que el campesino lo vea realmente aplicable a su contexto financiero y demás aspectos. Vía Orgánica ha sido hasta ahorita un espacio de experimentación, aunque eso ya está cambiando. Es muy importante ver qué funciona y qué no. Pero eso es muy costoso. Un campesino no lo vería viable para su propio uso. La ventaja es que vamos afinando los procesos, haciendo las prácticas más fáciles de introducir y ahora estamos trabajando en el terreno del vecino sembrando magueyes.

Es la primera vez que trabajamos en un terreno que no es de Vía Orgánica. Aplicamos el sistema de cultivo en callejones con agave usando el diseño hidrológico Keyline. Le va a permitir al vecino Don Manuel seguir sembrando su milpa de la misma manera que antes, sólo que ahora lo va a hacer entre dos líneas de maguey paralelas. Eso le permite tener un número fijo de pasadas con su tractor. Los magueyes están marcando la pauta. Son la guía para que el zurcado del campesino siga este sistema de manejo del agua.

Es un ejemplo muy sencillo pero radicalmente diferente a nivel de manejo de suelo y agua, independientemente de la productividad del aguamiel o el pulque. El director de Vía Orgánica está planeando hacer aquí mismo una mezcalería. Las mezcalerías de San Luis de la Paz y San Felipe Guanajuato son de agave pulquero maguey. Aquí se trata de crear una marca de mezcal con la línea de regeneración de suelo y agua, con una visión de cambio climático y captación de carbono, además de orgánico, regenerativo y local. Se puede crear en la región una economía basada en el agave.

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Algunos estudios señalan que alrededor del 80% de los productores mexicanos tienen menos de cinco hectáreas; a nivel mundial la FAO reconoció en 2014 que este tipo de pequeños productores aporta el 70% de todo el alimento consumido. ¿Estamos hablando de autosuficiencia alimentaria?  

Gerardo Ruíz:

Gran parte de la producción de los industriales guanajuatenses es para forrar, es decir, siembran sorgo, maíz, avena, alfalfa y no están aportando a la autosuficiencia alimentaria. Igual, todo Brasil y Estados Unidos y gran parte de Argentina es producción de maíz y soya para alimentar animales, no para el consumo humano.

Volvemos a la necesidad del pastoreo planificado porque una vaca no tendría por qué estar comiendo una planta anual. Se pueden alimentar perfectamente de los pastos nativos perennes. Gran parte del ecosistema original de todo el norte de Guanajuato era así. Era una sabana con grandes pastizales muy ricos en nutrientes y suelos profundos. Ahora los agricultores se están beneficiando de esos suelos profundos generados durante miles de años con la mega fauna original de esta región.

Un tipo de sistema como el serengueti africano tienes pastizales muy amplios, árboles esparcidos y grandes manadas de animales herbívoros. Llegan a un área y comen un poco de la parte alta del pasto, defecan, orinan, pisotean, ponen las semillas en contacto con la tierra y se van. Tienen que estar en constante movimiento por los depredadores y porque a ningun animal le gusta comer donde defeca. Llegan a otro lugar, hacen lo mismo y se vuelven a mover. Tienen estos patrones migratorios grandísimos en los que no regresan al mismo lugar hasta que caen las lluvias. Te podrás imaginar cómo va a crecer ese pasto.

Aquí encontramos los mismos patrones migratorios hasta Chihuahua e incluso más arriba. Vemos esta relación simbiótica entre el pastizal con árboles dispersos y los herbívoros. Para mí, es posible replicar ese tipo de modelos con vacas, borregos o cabras en ranchos más pequeños. Hay que hacer un plan de pastoreo para decidir cómo vas a mover a los animales. Puede ser con cerco eléctrico o con un pastor.

La crítica que se hace a este modelo es que son muchos pequeños propietarios y cada quien tiene su propio rebaño de animales y su pequeño pedazo de tierra. A veces una familia tiene una vaca y el otro vecino tiene dos vacas y cada pastor busca dónde queda un poquito de pasto para acabarlo por completo, hasta que lo matas. No dejas que recargue sus reservas de energía en la raíz porque en cuanto crece, la vaca se lo come. Hasta que se muere y queda el suelo pelón, desnudo. Cada quien hace su pequeño desastre ecológico de sobrepastoreo. Todo el paisaje en Guanajuato es resultado de esto mismo.

Lo que ha hecho el Savory Institute en Sudáfrica, promotor de este tipo de modelo de pastoreo, es juntar a los pequeños propietarios, darles talleres y capacitarlos según el contexto cultural y social para que ellos se sientan entendidos y escuchados. De esta manera se crea un pastoreo comunitario. Reunimos a todos los animales privados, los marcamos, los metemos dentro de un solo rebaño, hacemos un plan de pastoreo y en vez de tener a 50 pastores con un animal, tenemos a un pastor con 50 animales.

El escepticismo que este modelo genera en México se debe a la organización humana donde veo un poco de razón en esto. En este momento de mi vida muy poco de mi tiempo está dedicado a convencer a la gente. Normalmente trabajo con gente que me contrata y que ya está comprometida con hacer las cosas de otra manera y nos permite desarrollar ejemplos, modelos funcionales. Es lo que más falta hace.

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¿Qué otro proyecto trabajas en Vía Orgánica? 

Gerardo Ruiz:

El buen diseño de bordos. Eso también es clave. No sólo se trata de usar plantas que no requieren de riego, sino que las que sí requieren de riego reciban agua de una fuente renovable. El gobierno de Guanajuato tiene un programa de bordería y tienen una cuota de mil bordos al año. Sin embargo, no tienen presupuesto para diseño y planificación previo mediante análisis técnico. Si alguien aplica para el programa llega un empleado del estado con el bulldozer gigante. El mismo operador decide dónde se ve bien y empieza a hacer su desaste moviendo la tierra. Reza para que ese bordo reciba suficiente agua y que el suelo sea arcilloso para retener el agua. Si se llega a llenar debe de estar bien diseñado el rebosadero por donde se va a ir el agua para que no te reviente y cause una inundación, además de un problema de erosión impresionante.

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¿Cual es tu sueño con el Instituto del Mezquite? 

Gerardo Ruíz:

Primero, rescatar la importancia cultural del mezquite como la tenía ancestralmente. Que la gente reconozca la riqueza nutricional, ecológica, gastronómica e histórica del mezquite. Que en cada cocina de Guanajuato haya harina de mezquite y recetas elaboradas de la región. Quisiera ver la harina del mezquite en tortillas, panes, tamales, galletas, postres y mole.

Segundo, comercializar la harina del mezquite. En todo el país no hay nadie más que yo y dos amigos que hacemos harina de mezquite. En Perú y Argentina le llaman algarrobo y es una industria multimillonaria que exporta a Europa, Estados Unidos, Australia, Asia y México. Un kilo aquí puede costar 1,200 pesos. Nosotros lo vendemos en 300 pesos. Tenemos que crear la demanda en los consumidores. Quiero insertarlo en el mercado como un superfood mexicano prehispánico.

Posteriormente quiero crear el interés en los agricultores industriales para que siembren el mezquite junto con sus hortalizas en sus sistemas agroforestales. La idea es traer la reforestación al paisaje agrícola de una manera productiva. No podemos seguir con esta separación de que por acá conservo y por allá erosiono, contamino e intoxico. Debemos combinar las dos cosas

 

 

 

 

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