No todo se detuvo durante la pandemia del año 2020 y lo que va del actual. El Plan de Acción Climática de la Dirección de Medio Ambiente  y Sustentabilidad de San Miguel de Allende creció de 80 hectáreas restauradas y reforestadas en 2019,  a 750 hectáreas. Se pretende cerrar este año con 1,500 hectáreas en vías de regeneración de suelos. Esto implica sembrar entre 200 y 300 mil plantas en diversas comunidades de la región, generando alrededor de 400 empleos temporales.

Estas acciones van a determinar el futuro de una región  semidesértica con severa sobreexplotación del acuífero y agotamiento hídrico. El titular de la Dirección, Francisco Peyret, señala que lamentablemente la mayoría de la población urbana de SMA aún no entiende la importancia de la restauración de suelos y cómo ésto sostiene los servicios ambientales que presta la cuenca alta a la ciudad. Suelos sanos y recuperados filtran el agua de lluvia a los mantos acuíferos y este es el enorme reto que enfrenta el municipio, dice. “Para que  empresarios y particulares participen en este movimiento de restauración y conservación de la naturaleza tienen primero que entenderlo. Recuperar todo lo que hemos perdido en las zonas forestales y mantos acuíferos —a través de décadas de sobreexplotación y degradación de los suelos— le otorga a nuestro programa una importancia que amerita un plan estratégico de comunicación.”   

La comunicación es fundamental  para tener una administración distinta del manejo del agua.  El director de Medio Ambiente observa que esta tarea le corresponde al Instituto Municipal de Planeación que hoy cuenta con una nueva estructura. Desde ahí se podrá implementar la estrategia para involucrar a otras dependencias municipales y representantes de algunos  sectores económicos y sociales.  Desde la cúpula  se tiene que difundir el enfoque de restauración basado en la naturaleza, que es el mismo de los organismos internacionales. “Se trata de implementar soluciones verdes globalmente. Esa es la clave fundamental. Tenemos que estar a tono con ese enfoque para conseguir fondos internacionales que sostengan esta labor de reforestación y restauración de suelos. Hay alrededor de 25 fondos internacionales  esperando que alguien los solicite.”  

Con la afectación económica del 2020 la Dirección generó cerca de 250 empleos temporales con hombres y mujeres de las comunidades rurales para la obra de conservación y plantación de más de 80,000 plantas, entre agaves y especies nativas. En colaboración con Cañada de la Virgen, Regeneración Internacional y Vía Orgánica se fortaleció el concepto del agave como especie con un alto índice de sobrevivencia. Porque no sólo es un potencial capturador de CO2 sino que con él se produce forraje y otros insumos.  Actualmente se gestionan entre 15 y 20 proyectos con ranchos privados y comunidades para alcanzar la meta de 1,500 hectáreas restauradas y reforestadas.

La Secretaría de Agricultura y del Medio Ambiente del estado han manifestado su interés en apoyar el Plan de Acción Climática de SMA por su rápida evolución, sostiene Peyret. La idea es que se replique en otros municipios de la región. “Hay un gran entusiasmo con el tema del maguey. San Luis de la Paz ya tiene muchos ranchos y hectáreas produciendo maguey  y agave mezcalero. San Felipe ni se diga. Son mezcaleros de tradición. He conversado con un par de presidentes municipales porque la idea es convertirnos en un caso de éxito para bajar recursos del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA). Si le damos a este programa un rango estatal, regional, —porque sí estamos viendo que funciona— será más fácil obtener el financiamiento internacional.”

Hay productos derivados del agave, como la inulina que se utiliza en la industria alimentaria y farmacéutica. Se puede convertir en un generador de riqueza potencial pero sólo si se suman muchas comunidades para producir lo que requiere la industria. “Si vamos a crear un programa de ese tamaño y demostramos a las secretarías del estado que esto funciona, entonces podemos negociar este año recursos para un proyecto regional en coordinación con otros municipios. Ya está en boca de todos.”

Por lo pronto el PNUMA está calibrando este Plan de Acción Climática. “No te sorprenda ver a San Miguel de Allende muy pronto como el merecedor de uno de esos financiamientos.”

En resumen, el Plan contiene soluciones basadas en la naturaleza.  En las comunidades estos procesos implican reconversión productiva, regeneración de suelos, reforestación y un manejo diferente del ganado, lo que permite conservar el territorio. El mejor defensor del medio ambiente es una economía saludable, en este caso basada en la producción del maguey, la poda de los endémicos y la promoción de un turismo suave.  “Si la comunidad es sana y respetamos su espacio y su cultura, tenemos ahí la mejor defensa.”

Como parte de la estrategia de conservación actualmente hay tres zonas en trámite para obtener la certificación de áreas protegidas: Guanajuatito, donde está la mariposa monarca, Parque Landeta y Presa del Obraje. “Los trámites se alargan pero nosotros perseguimos también otras alternativas de solución. Estamos por lanzar un programa, no para turistas tradicionales, sino para quienes buscan un reencuentro con la naturaleza y ésta será otra fuente de ingresos para las familias rurales”. Para ello se está reforestando Picachos, la zona de la Margara y Cañada de la Virgen. Se definen las rutas con las mismas comunidades y crear los senderos. La idea es que las familias se encarguen de guiar a un grupo de 20 personas y luego los reciben en sus casas con alimentos y bebidas.  El programa está por ser lanzado próximamente con cinco rutas para los amantes del senderismo.

Mientras tanto, ¿qué hace la zona urbana de San Miguel de Allende para contrarestar la vorágine de los desarrolladores y fomentar  la conservación y la restauración del medio ambiente?

Según Peyret, los desarrolladores se están convirtiendo en patrocinadores de la conservación gracias a las negociaciones que ahora permite la modificación del reglamento del Fondo Verde. Este Fondo crece con las compensaciones ambientales de los constructores. “Ya lo ligamos a la Cañada de la Virgen, al proyecto en Agustin Gonzalez y al de Las Tinajas. Ahí intervenimos 42 hectáreas con el grupo Salvemos al Río Laja y la propia comunidad. Una empresa pagó medio millón  de pesos para los trabajos de empleo temporal y de recuperación de suelos y reforestación.”

Por otro lado, “como Dirección emitimos nuestras resoluciones y recomendaciones a los constructores. Les entregamos una lista de acciones relacionadas con el manejo del agua, con la captura de agua de lluvia y es en los procesos de supervisión cuando comprobamos si esto se está implementando o no.”

Por lo pronto, la alianza con las empresas ha dado buenos resultados al financiar, junto con la Secretaría de Medio Ambiente, al grupo Caminos de Agua para instalar 70 sistemas de captación de agua de lluvia en las comunidades de alto riesgo. Asimismo, Caminos de Agua recibió apoyo de la empresa privada para multiplicar sus acciones, al mismo tiempo que la Dirección promovió la gestión con la Fundación Gonzalo Río Arronte para obtener recursos que permitan el desarrollo de su proyecto en los próximos cinco años en cinco municipios.

“Estamos viviendo un momento de transición. La señal de la pandemia mundial es que no somos indestructibles. Es un parteaguas para cambiar nuestro enfoque y hábitos de vida.” Francisco Peyret concluye reconociendo el gran entusiasmo con que las comunidades han acogido estos programas de acción climática, al mismo tiempo que la población urbana sigue sin entender de qué se trata. Por ello, su situación actual la describe en pocas palabras: “Estoy entre la gloria y el infierno.”

 

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