Los niños y las aves tienen un lenguaje común: el vuelo. Los primeros imaginan un mundo libre sin fronteras. Los segundos surcan el aire sin límite. Es una forma de vida compartida regida por las leyes de la naturaleza. Ésta se vuelve tangible en el Programa de Educación sobre Aves Migratorias dirigido a niños y jóvenes de las Cuencas de los Ríos Willamette (Oregon) y Laja (Guanajuato).

Dos ríos se dan la mano mediante el intercambio de dibujos y cartas de niños de las escuelas Miguel Hidalgo en la comunidad de Santa Rosa de Lima, Guanajuato (Gto.) y tres centros de primaria en Corvallis y Albany. Son las escuelas que han adoptado el programa de educación ambiental del Hermanamiento Willamette-Laja enfocado en el tema migratorio de las aves. Aquí no hay muros ni patrullas fronterizas. Es una metáfora de libertad y del derecho irrenunciable a la vida. (Ver antecedentes en:http://aguavidasma.org/aves-migratorias-enlazan-las-cuencas-laja-willamette-migratory-birds-link-laja-willamette-basins/)

En los ciclos de reproducción y gestación de estos pájaros de carismático y fácil reconocimiento, los niños aprenden que la vida misma es movimiento y migración. Familias enteras han emigrado de México a Estados Unidos. Y la migración implica comunicación por muchos medios. Los niños crean dibujos de aves, con saludos incluidos, que vuelan de Guanajuato a Estados Unidos y viceversa. Entusiasmados porque sus pares hacen actividades semejantes, ellos se empeñan en hacer las mejores ilustraciones de las aves de su entorno.

De manera indirecta este programa tiene un impacto colateral que las maestras de Oregon, especialmente Isabel García Cánovas, reconocen como uno de sus mayores logros.  Y es que los niños migrantes, ahora bilingües, son los que traducen a sus compañeros de habla inglesa los contenidos de las cartas de los mexicanos. Esta función es indispensable para que el programa funcione, además de que los empodera en medio de la hostilidad y persecución por parte de las políticas migratorias gubernamentales. En su salón de clase encuentran no sólo la aceptación, sino la felicidad y una razón de ser.

Los siete participantes provenientes de Oregon, encabezados por Tara Davis, coordinadora del Programa de Hermanamiento — junto con Agustín Madrigal, director de Salvemos Río Laja (SRL) por la parte mexicana— han visitado recientemente Guanajuato para fortalecer las acciones de restauración de hábitats y de educación ambiental en las escuelas de la localidad. Aquí los han recibido sus pares los representantes de los grupos Sociedad Audubon de México, Cuerpos de Conservación de Guanajuato A.C., Charco del Ingenio y SRL. Son éstos los estudiosos y promotores de la conservación para el sostenimiento de la vida en los ecosistemas de los ríos.

Hay decenas de especies de aves que han trazado una ruta de supervivencia para esquivar los duros inviernos desde la subcuenca del Río Willamette a la subcuenca del Río Laja. Abajo, asentados en la tierra, los niños observan su ir y venir y se identifican con las necesidades de estas especies. Bajo la supervisión de la educadora ambiental Ana Paola Rangel Romero las personifican en juegos de simulación y se plantean cómo ayudarlas. ¿Qué necesitan? ¿Por qué la restauración de los ecosistemas es vital para el sostenimiento de estos ciclos de vuelo milenario?

El primer paso es reconocerlas por su canto. Los niños son sensibilizados escuchando con los ojos vendados. Conocen así los múltiples lenguajes de la naturaleza y de sus especies sintientes.

¿Cómo hemos aprendido a convivir entre especies? ¿Cómo afecta a las aves la actividad humana? La contaminación del aire y de los cuerpos de agua, la tala de árboles, el avance irrefrenable de la urbanización tienen un impacto. Los niños aprenden que todo está relacionado. Que somos parte del planeta y compartimos sus recursos, su salud y también los efectos de su destrucción.

¿Cuántas aves existen dentro de los jardines de la escuela? Los niños se vuelven exploradores. Las aves se dejan ver fácilmente. Su vuelo es espontáneo, libre, pero siempre con un propósito: buscar alimento y materiales para construir sus nidos. Hay que descubrir y conocer los vegetales con los que hacen sus nidos. Ahora ya conocen su canto, su silueta, sus colores, su nombre y qué necesitan.

Durante el Festival de Primavera los niños de Santa Rosa de Lima han creado un árbol con figuras de aves y flores hechas con papel y hojas de diferentes colores. La primavera es esencial en la vida de las aves y su migración y ésta es causa suficiente para celebrar.

Pero no todo es fiesta y celebración. Las aves migratorias enfrentan peligros durante su viaje para la reproducción. 
Los niños aprenden que para migrar hay que esquivar muchos obstáculos. Juegan a esquivar de obstáculos que podrían ser los cables de electricidad o las tormentas y otros depredadores. Los niños buscarán las soluciones para que las tres especies compartidas más emblemáticas, la Garza Morena, el Chipe Coroninegro y el Colibrí Zumbador puedan llegar a su feliz destino.


Para mitigar el impacto negativo de los humanos en estas especies los niños construyen alimentadores y bebederos involucrando a sus padres o maestros.
Es una manera creativa de intervención. Cuidar el entorno de las aves concientiza sobre la importancia de preservar el hábitat de los humanos también. La pregunta se vuelve mayor. ¿Cómo ayudar al planeta si todos somos un organismo vivo integrado?

Los visitantes de Oregon también han visitado las escuelas primarias Nueva Senda y Montes de Oca donde la Sociedad Audubon interviene con un programa de aves semejante al del Hermanamiento Willamette-Laja. La idea es unir esfuerzos entre los pares para fortalecer a las nuevas generaciones frente al cambio climático. El planeta está en franca transformación y la tarea consiste en convertirnos en aliados, colaboradores y cómplices en esta evolución compartida.

 

 

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